Radiofrecuencias y Salud II

Resulta , por tanto, natural preguntarse por los posibles efectos de las radiofrecuencias sobre el organismo. A diferencia de las ondas electromagnéticas de mayor energía, las radiofrecuencias no son ionizantes; es decir, carecen de la energía necesaria para romper enlaces químicos y por tanto, no pueden inducir efectos genotóxicos directos. Sin embargo, se admite que a altas potencias pueden provocar daños si elevan 1 grado Celsius o más la temperatura de los tejidos expuestos. Sobre esta base térmica, la OMS ha establecido umbrales de exposición ante estas radiaciones. El límite recomendado por la directiva europea y permitido por la legislación española se establece en 2 vatios por kilogramo (2W/Kg).

Datos dosimétricos recientes confirman que los niveles de exposición del público a radiofrecuencias de fuentes típicas, incluidas las estaciones de telefonía, quedan muy por debajo de dichos umbrales. Según los datos del proyecto suizo QUALIFEX, para la suma de las emisiones  de fuentes en campo lejano, la tasa de absorción específica en el cuerpo completo de una persona asciende, de media, a 0.56micro watios por kilogramo. Por su parte, los teléfonos móviles constituyen la fuente más significativa  de radiofrecuencias absorbidas por el cerebro.  Los valores pico que llegan a alcanzarse en algunos puntos dle tejido ascienden a 1W/Kg.

También se ha planteado la pregunta de si una exposición crónica  a radiofrecuencias subtérmicas resultaría inocua a largo plazo. La cuestión concita el interés público. Al respecto, el Eurobarómetro de 2010 indicaba altos índices de preocupación entre la ciudadanía. En España, el 75% de la población opinó que las radiofrecuencias emitidas por las estaciones base podían afectar a la salud; en el caso de los teléfonos, el 68%.

La mayoría de los estudios sobre  los posibles efectos de las radiaciones subtérmicas han versado sobre los teléfonos móviles. Varios trabajos han confirmado que exposiciones cortas a sistemas GSM inducen respuestas neuroestimuladoras en voluntarios sanos. En general, se trata de cambios en la intensidad de las ondas electroencefalográficas registradas en el hemisferio cerebral expuesto. Otras investigaciones han hallado indicios de otros efectos sobre el sistema nervioso durante exposiciones cortas; entre ellos se incluyen  efectos cognitivos e incrementos en el flujo sanguíneo o en el metabolismo de la glucosa en el hemisferio correspondiente. No obstante, esos efectos desaparecen minutos después de retirar la exposición, por lo que la OMS no los considera indicativos de nocividad, sino respuestas fisiológicas normales. Sin embargo, los fenómenos biofísicos subyacentes aún no han sido determinados, por lo que se considera necesario proseguir con al investigación al respecto.

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