Sir Winston Leonard Spencer Churchill (30-11-1874/24-1-1965)

 

Fue un estadista, historiador, escritor y orador británico. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1953. Se le concedió por sus obras históricas, sus artículos periodísticos y por sus brillantes discursos, que lo erigen como uno de los principales oradores del siglo XX.

Descendiente del duque del Marlborough e hijo de lord Randolph Churchill, destacado político conservador, tras estudiar en Harrow, se alistó en el ejército británico. Combatió en la India, en Sudán y en Sudáfrica. Aprovechó sus sucesivos destinos para trabajar como corresponsal, lo que le permitió financiar sus viajes. La popularidad que alcanzó le permitió dedicarse a la política.

En 1911 fue nombrado primer lord del Almirantazgo. Durante la Primera Guerra Mundial fue considerado uno de los responsables del desastre del desembarco de Gallípoli. Marchó al frente donde comandó una unidad de combate en primera línea. Tras ser eximido de su culpa por el parlamento, pasó a ser ministro de municiones. Hacia el final del conflicto sería ministro de guerra y ministro del aire.

Durante el período de entreguerras fue nombrado ministro de hacienda por Stanley Baldwin. Sin embargo, en los años treinta caería en desgracia debido a su oposición a la política de apaciguamiento seguida por los gobiernos conservadores y laboristas. El advenimiento de Hitler al poder no hizo más que aumentar sus advertencias.

Al empezar la Segunda Guerra Mundial volvió al gobierno. Fue nombrado de nuevo primer lord del Almirantazgo y, en mayo de 1940, fue elegido primer ministro, en sustitución de Neville Chamberlain, que dimitió tras el desastre de Noruega. El ejemplo de Churchill y su magnífica oratoria le permitieron mantener la cohesión espiritual del pueblo británico en las horas de prueba que significaron los bombardeos sistemáticos de Alemania sobre Londres y otras ciudades del Reino Unido. Finalmente, aunque los aliados ganaron la guerra, Churchill perdió las elecciones de 1945 ante el laborista Atlee.

En 1951 Churchill volvió a ser Primer Ministro, si bien delegó cada vez más tareas en sus ministros. En enero de 1955 dimitió por motivos de salud. Le sucedió en el cargo Anthony Eden. Al morir, en 1965, el pueblo británico le rindió un gran homenaje. Se celebró un funeral de estado, honor que durante el siglo XX solamente recibieron Lord Roberts y él.

 

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.

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